Demopunk Net Web


El Reparto... ¿de qué?
Democracia Participativa en Las Cabezas de San Juan
Alfredo Ramos / Pepo Rubio
Publicado en El Viejo Topo, Febrero 2003


Orígenes del Reparto

Metodologías participativas para impulsar El Reparto

El Reparto
como proceso de aprendizajes desde la práctica y la formación

Pero, ¿participan tod@s?

Teníamos mucho interés en conocer de primera mano una experiencia de participación ciudadana de la que tanto habíamos oído hablar, que incluso ha sido galardonada con el premio de Buenas Prácticas de Naciones Unidas, denominada El Reparto... Una práctica que no dejó de sorprendernos durante todo el tiempo que allí permanecimos. Sí conocíamos que se trataba del reparto de los presupuestos del ayuntamiento, pero no intuíamos hasta qué punto suponía un proceso superador de las tradicionales relaciones de poder y de toma de decisiones entre vecin@s, polític@s y técnic@s.
 

Esta experiencia no es otra que la que se vive en un pueblo sevillano llamado Las Cabezas de San Juan, lugar que se hiciera famoso en 1812 al producirse el levantamiento del general Riego que obligara a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz. Y precisamente, será de otro tipo de levantamientos y de sus reivindicaciones, populares y jornaleras, de donde tome su nombre El Reparto como homenaje a esa tradición de lucha.

           Este pueblo cuenta con 16.000 habitantes repartidos entre el centro urbano y otros tres poblados de colonización, compuesto mayoritariamente de familias jornaleras muy marcadas por una política agraria europea que poco a poco ha ido descomponiendo su tejido social. Un tejido social muy debilitado que, sin embargo, convivía con la existencia de un elevado numero de asociaciones mucho más centradas en cubrir la necesidad de “juntarse” que de abordar los graves problemas que arrastra el pueblo: la mayoría de la población depende de los subsidios agrarios; el 30% de la población es analfabeta o carece de estudios; y sólo un 15% de l@s niñ@s siguen estudiando tras la enseñanza obligatoria1.

 

Orígenes del Reparto

Los primeros pasos que se dieron para fomentar la participación ciudadana, pasos ingenuos que nada tendrán que ver con lo que ha llegado a ser en la actualidad, tienen su origen en la campaña electoral municipal de 1995. Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía decide hacer su programa electoral convocando barrio por barrio y casa por casa a l@s vecin@s en asambleas. Ganarían las elecciones y este hecho llevaría implícitos ciertos compromisos de mantener la participación de l@s vecin@s más allá de la mera elaboración de aquel programa. El grupo político contactará con el sociólogo Marco Marchioni en 1997, con cuya colaboración se intentará impulsar un fallido plan de desarrollo social y comunitario. Aún así, el equipo gobernante considera que la participación es imprescindible, pero no saben cómo ponerla en práctica tras su segunda victoria municipal: existía ya una rutina surgida de los periodos electorales de asambleas y actividades que habían hecho que calara en la gente la inquietud por participar. Se contactará entonces con los actuales coordinadores, Javier Encina, antropólogo, y Montserrat Rosa, socióloga, fraguándose al poco tiempo un convenio para trabajar los presupuestos participativos. Éstos son el proyecto imaginado por los polític@s como “excusa” para intentar potenciar y consolidar la participación, mientras que para los técnic@s y dinamizador@s del equipo del reparto, serán la “excusa” perfecta para trabajar las redes sociales y los espacios de sociabilidad en una vocación transformadora de la realidad.

           Los presupuestos participativos, allá donde se están dando, suponen un salto cualitativo de la democracia representativa hacia la democracia participativa. Al menos son las experiencias más significativas y sólidas que en este sentido se están produciendo. Numerosos son los ejemplos por todo el mundo, con más de un centenar de municipios por todo Brasil y diversos ejemplos en Latinoamérica y Europa, o en los Estados de Kerala y de Bengala Occidental en la India. Todas estas experiencias, diferentes entre sí, tienen en común su adaptación a cada realidad social y cultural local. También tienen en común, o al menos así se produce en las prácticas más destacables, “una articulación virtuosa entre democracia representativa y democracia participativa, o sea, entre la sociedad civil organizada y un partido de izquierdas que gana las elecciones”2. Los presupuestos participativos han demostrado un potencial de implicación ciudadana muy elevado, no es por ello extraño que en lugares tan emblemáticos como la ciudad brasileña de Porto Alegre, el diseño de los presupuestos participativos por parte del partido político en el poder haya sido el instrumento idóneo para fomentar y motivar a la población a participar. Cuando la gente percibe que sus opiniones y decisiones sí son tenidas en cuenta tiende a implicarse en el gobierno común. En esta línea, pero con sustanciales diferencias con respecto a la experiencia de Porto Alegre, se articula la participación en Las Cabezas. En este caso no será el partido gobernante quien diseñe el modelo de participación ciudadana, sino que será desde la base social, desde l@s vecin@s en diálogo continuo junto a técnic@s y polític@s, donde se construya todo el proceso, como veremos a lo largo de este artículo.

“Lo que nos imaginamos al principio no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo en realidad”. Esta frase de Javier Encina resume perfectamente cómo el modo en que se han construido estos presupuestos ha supuesto el desborde de esa demanda inicial, trasladada a un proceso en el que el trabajo desde lo cotidiano ha permitido que se vayan rompiendo las fronteras entre lo público y lo privado, configurándose El Reparto como una estrategia para volver a pensar lo colectivo, aprehendiendo, desde allí, lo público, todo ello a pesar de que, como afirma el Alcalde, Domingo Hernández, “todavía hay muchísimo por hacer, muchísimo”.

 

Metodologías participativas para impulsar El Reparto

           Para impulsar ese trabajo desde lo cotidiano el equipo del reparto recurre a la utilización de metodologías participativas encuadradas dentro de un proceso de Investigación-Acción Participativa (IAP). Se trata de una metodología abierta que articula mecanismos de implicación colectiva y transformación social, que busca que interactúen, desde una perspectiva de igualdad, conocimientos tanto técnicos como convivenciales. Recreándose continuamente en una espiral de acción e investigación que lleva a que los sujetos de un determinado contexto social analicen de forma crítica su propia realidad, construyéndose un conocimiento colectivo que abre la posibilidad de apropiarse de la misma. Esa posibilidad permite dar el salto hacia un modelo de ciudadan@ activ@ implicad@ en la permanente construcción de un entorno verdaderamente democrático.

            En Las Cabezas, la idea de trabajar con metodologías participativas ha permitido que la gente se haya ido apropiando del para qué de todo el proceso, configurándolo así desde, por y para la gente. Para que práctica política y cotidianeidad interactúen, son necesarios procesos de dinamización que muestren las complejidades de las diferentes realidades socioculturales y de las diferentes formas de vivir en un contexto social compartido. Para iniciar estos procesos de dinamización es necesario trabajar en la ruptura de la gramática cultural establecida, si por gramática entendemos el modo en el que se estructura un lenguaje, “la gramática cultural nos dice qué formas de pensar, hablar e intervenir en la vida pública son las correctas en nuestra sociedad y cuales no”, según las palabras de Rafael Téllez, del equipo de dinamizador@s del Reparto.

La IAP ha venido muy bien para localizar en un primer momento espacios de encuentro comunes y nodos de redes sociales. Nos encontramos con diferentes situaciones que han favorecido el desarrollo del proceso, como un barrio que ha funcionado muy bien desde el principio ya que “el carnicero era representante vecinal y obviamente éste ha interactuado en red con sus vecinos, la carnicería era el espacio privilegiado de encuentro, o en otros, donde desde chicos los vecinos han trabajado para organizar las cabalgatas de reyes o la semana cultural, teniendo mayor experiencia de participación que nosotros mismos. Se trata de aprovechar todos esos espacios y experiencias de trabajo en red para enganchar a la gente y aprovechar los saberes de los mismos”, nos indica Rafael Téllez. Se trata de recuperar la capacidad de la gente para construir y deconstruir los usos y las visiones de la realidad, los lugares en los que nos sentimos y nos reconocemos con otr@s, donde las personas se convierten en titulares de un fundamental conocimiento convivencial sobre la realidad en la que viven. Potenciar los espacios de sociabilidad y las redes informales en las que se articulan y entremezclan estos conocimientos, implica empezar a romper el monopolio del decir y del hacer que se suelen reservar técnic@s y polític@s. De recuperar, en definitiva, la autoestima necesaria que lleve a las personas a convertirse en actores de su práctica política y social.

 

El Reparto como proceso de aprendizajes desde la práctica y la formación

El Reparto implica un proceso educativo a todos los niveles en el cual se comparten espacios, conocimientos y saberes, siendo una práctica de la cual aprenden tanto polític@s y técnic@s como vecin@s. Las propias culturas populares, con su sabiduría en el saber hacer las cosas, enriquecen el proceso afectando al quehacer de técnic@s y polític@s, “imbuidos, como están, de unos modelos y esquemas que entran dentro de una lógica institucional en cuyas estructuras eres un técnic@ o un polític@ pero nunca una persona”, como bien describe Manuela Fernández, Técnica de Participación Ciudadana y miembro del Equipo del Reparto. Este proceso educativo se produce no sólo desde la práctica cotidiana en el reparto del poder y las decisiones, sino desde la necesidad de la formación y autoformación de las personas en habilidades y herramientas para la participación social: de obtener recursos con que romper aquella gramática cultural que los relega a ser meros observadores y consumidores de las políticas públicas.

La prácticase establece con la creación de diferentes mesas de coordinación para discutir y tomar decisiones, a saber: la Mesa de Representantes de Vecinos; la Mesa del Área de lo Social, la Mesa Política; la Mesa de Asociaciones; y más recientemente, se ha constituido la Mesa de Jóvenes. El origen de estas mesas y del conjunto del proceso del Reparto se dio con la preparación del III Encuentro Popular en febrero de 2000, donde se observó la necesidad de establecer espacios de encuentro comunes desde los cuales coordinarse e informarse los distintos actores, así como establecer las grandes líneas estratégicas de investigación y de acción que facilitarán la implementación del proyecto.

La Mesa Política ha respondido a una misión fundamental: establecer la dinámica apropiada para que se dé un auténtico reparto del poder vinculando estrechamente a los representantes, l@s polític@s, con los representados, l@s vecin@s. Ello sólo ha sido posible al comprender, el equipo municipal, que no se trataba únicamente de un nuevo organigrama de gestión municipal sino de un cambio sustancial en la manera de adoptar las decisiones. Este proceso educativo en la práctica, influye casi más a los polític@s (y a los técnic@s) que a los vecin@s... Realmente la gente ya sabe participar en sociedad, “sabe estar en grupo, discutir y resolver los problemas, el gran ‘choque’ se produce entre técnic@s y polític@s que ya no saben hacerlo, encorsetados como están en unos esquemas institucionales tan rígidos”, como nos comenta Manuela Fernández. Sin embargo, esta mesa política tan solo se halla constituida por el grupo municipal de Izquierda Unida-Los Verdes, ante la existencia de, por el momento, insalvables diferencias entre gobierno y oposición en la forma de entender El Reparto. En cuanto a los técnic@s, estos conforman la Mesa del Área de lo Social, la cual responde a la necesidad de coordinar la puesta en marcha de los proyectos y actuaciones a realizar, de encajar todas las propuestas vecinales dentro del presupuesto y la programación anual.

           El año pasado y a raíz de la iniciativa de un grupo de jóvenes por realizar actividades en relación con el ocio y el tiempo libre y su interés por autogestionarlas, el Equipo del Reparto les propondrá la constitución de la Mesa de Jóvenes. Una decisión que permite romper con la exclusión de los mismos del proceso del Reparto. Este hecho se debía a diversos aspectos: primero, el no ser considerados por los adultos y por ellos mismos como “vecinos responsables”; segundo, la inhibición de asistir a unas reuniones, las asambleas vecinales, donde deberían encontrarse con sus padres; y tercero, la propia categoría de juventud3, cuya visión es la de un colectivo marginado -sin trabajo, sin ingresos, violentos, fracasados escolares y adictos al “botellón”- y dependiente, por tanto, de unas políticas paternalistas por parte de ayuntamientos e instituciones. Pero no solo han sido capaces de demostrar que pueden gestionar su propio ocio y tiempo libre cuando se les deja, sino de implicarse responsablemente en cuestiones sociales: “son ellos mismos los que están tratando de buscar soluciones a los problemas derivados de la botellona”, el famoso botellón del resto del Estado, nos narra Mónica Jiménez, dinamizadora de jóvenes. La posibilidad de participar está propiciando que cada vez se impliquen más jóvenes e incluso se haya creado el Foro Social de Las Cabezas a iniciativa de los mismos.

           Otra cuestión es la Mesa de Asociaciones que, si bien formalmente constituida, ese espacio de encuentro común en la práctica no existe, a pesar de la activa implicación de diversas asociaciones en El Reparto. Los factores que han influido son diversos y se deben a las resistencias que en muchas de ellas suscita este nuevo proceso de toma de decisiones, como: el miedo a perder su poder de intermediación y representación ante las instituciones locales; la existencia de intereses privados de grupo; o simplemente, la vinculación de las mismas a los partidos opositores al equipo político en el gobierno. Aún así, se está intentando volver a impulsar esta mesa fruto de los interesantes resultados obtenidos tras la celebración de las últimas jornadas de asociaciones y que culminaron un año de compromisos de compartir trabajo, recursos y responsabilidades con vecin@s y otros colectivos.

            Serán las asambleas vecinales de los barrios y poblados y la Mesa de Representantes Vecinales, sin embargo, el elemento fundamental de la participación y la toma de decisiones en Las Cabezas. Siempre, desde que se instaurara El Reparto, el proceso de decisión de obras y actividades del Área de lo Social comienza a mediados de septiembre y termina a mediados de noviembre. En cada barriada o poblado se realizan dos asambleas: en la primera se llevan las distintas propuestas tanto de obras y actividades como de representantes vecinales; será en la segunda donde se prioricen dos obras por cada barrio y poblado, se realice el listado de actividades trabajado colectivamente y salga el grupo de representantes. En todo momento asistirán a las mismas dos miembros del ayuntamiento: uno, será un técnic@ encargado de explicar y asesorar en todo lo concerniente al Área de lo Social (Servicios Sociales, Mujer, Educación, Cultura, Deporte, Medioambiente...); el otro, será un polític@ que abordará junto a l@s vecin@s el tema de las obras, representando la legitimidad política que tiene el proceso y el compromiso de respetar lo decidido.

Todas esas decisiones pasarán a la Mesa de Representantes Vecinales, donde cada barriada y poblado tiene un voto, independientemente del número de representantes que decida enviar. A la hora de decidir qué obras serán las prioritarias a ejecutar y para romper la dinámica habitual de cada barrio de luchar sólo por lo suyo, perdiéndose la visión global del pueblo, se realiza una visita en autobús a cada una de las barriadas y poblados de Las Cabezas. Será gracias a este recorrido y a pie de calle donde se realice la valoración común y se vote cada una de las obras. De esa votación saldrá un listado de obras ordenado hasta 34, las cuales se ejecutarán por orden hasta que se acabe el presupuesto. Las actividades del Área de lo Social serán sistematizadas por temas y barriadas y pasarán a las Jornadas de Decisión del Reparto, en las cuales se dan cita todas las mesas y momento en que culminará todo el proceso. Con respecto a los representantes vecinales hemos de aclarar que éstos no tienen total autonomía, como estamos acostumbrados a sufrir en la habitual figura de nuestros representantes políticos, sino que será en las asambleas de cada barrio y poblado donde se decida, tras reflexionar colectivamente sobre el papel de los mismos, cuales serán sus funciones y cuales no.

De gran trascendencia podemos catalogar la decisión de crear, de cara a este año que comienza, diversas Mesas Sectoriales correspondientes a los siguientes ejes temáticos: educación, sanidad, desarrollo y convivencia vecinal. Un salto tremendamente cualitativo, ya que muchas de esas competencias escapan al ámbito de lo local y habrán de ser presentadas y negociadas ante instituciones superiores, pero sobre todo en lo referente al rumbo que está tomando El Reparto: esta iniciativa parte de los propi@s vecin@s y condicionará sustancialmente la orientación futura de cómo quieren que sea su pueblo. Sobra decir la importancia que tendrá el hecho de que sean ellos mismos quienes marquen el modelo de desarrollo económico y social del que se quieren dotar o la necesidad que ellos encuentran de potenciar y profundizar la convivencia vecinal. En definitiva, de trabajar su autoestima como comunidad y, con ello, obtener el derecho de autogestionarse. Y eran ya muchos los ejemplos que apuntaban en esta dirección: los barrios ya planteaban la gestión directa de sus actividades sociales, negociando directamente con técnic@s y polític@s, de hecho cada barrio obtuvo 6.000 euros para su autogestión; o la exigencia de elaborar una nueva normativa medioambiental participada por todos, que tuviese en cuenta cada una de las realidades de barrios y poblados; o este otro ejemplo que nos ilustra sobre la creciente confianza que en sus propias potencialidades están adquiriendo l@s vecin@s: ante una demanda no satisfecha por parte las autoridades, en concreto un curso de cocina, serán ellos mismos quienes, rompiendo la dinámica establecida de dependencia hacia las instituciones, se decidan a organizarlo con sus propios recursos humanos y materiales.

En ese sentido, es importante destacar el cambio de actitud en la gente; si en un principio muchos de ellos no entendían muy bien por qué se les convocaba, ya que “eso de gobernar era función del Alcalde”, ahora, ante cualquier problema o cuestión que se plantee, requieren ser informados. Ilustrativo ha sido, y motivo importante de crisis del Reparto, que no se respetase este año pasado el orden de las obras. Frente a este hecho, l@s vecin@s reclamarán una explicación convincente del por qué se ha actuado así por parte del l@s polític@s. La razón era bien sencilla: agrupar ciertas obras permitía ahorrar costes, pudiéndose realizar un número mayor de obras que las estimadas en un principio, pero ello denota hasta qué punto estamos ante un proceso continuo de aprendizaje en el cual tod@s, vecin@s, técnic@s y polític@s, deben aprender a comunicarse entre sí. Pero ese proceso de aprendizajes y solución de los conflictos no es sólo sobre hechos puntuales, se extiende en todo el proceso del Repartoen sí: a veces se dan motivos de tensión cuando los proyectos no obtienen una materialización inmediata o se dilatan en el tiempo, surgiendo entonces entre tod@s las dudas e incertidumbres, cuestionándose si todo este proceso sirve para algo o no. Para intentar combatir ese fenómeno “muchas veces nos centramos demasiado en lo práctico, la concreción de las obras, en la acción por la acción, ya que gran parte de la credibilidad de este proceso se encuentra en demostrar que es operativo. Pero esto conlleva el tremendo peligro de olvidarnos de cuales son los fines del Reparto. Hemos de tratar de encontrar el equilibrio entre lo práctico y los sueños, la acción sin perder nunca de vista los ideales que nos mueven”, reflexiona al respecto Manuela Fernández.

 A pesar de la existencia de esos problemas y conflictos existe la firme convicción de superarlos, y buena muestra de ello es la decidida apuesta por enfrentar el mayor reto que se cierne sobre El Reparto: su continuidad en el tiempo con independencia de los avatares políticos. Es decir, que un posible cambio de color político en el gobierno de la ciudad, tras las próximas elecciones, no altere sustancialmente el proceso actual de toma de decisiones. En ese sentido, se está trabajando un reglamento que delimite claramente cuáles son las competencias y funciones del equipo político, pero que a su vez permita la continua reinvención y reconstrucción del Repartodesde abajo, desde la base social. Sin embargo, el actual marco legal y constitucional no otorga mayor validez a ese reglamento que la que se desprenda de la voluntad de los gobernantes de mantenerlo o no. Su única garantía se derivaría de la ilegitimidad en que incurriría ante sus vecinos quien se decidiese a suprimirlo o violarlo.

Hasta ahora hemos hablado del Reparto como proceso de aprendizajes desde la práctica; llegado es el momento de hablar del aprendizaje desde la formación y autoformación de los vecin@s en habilidades y herramientas de participación social. En Las Cabezas, como en cualquier otro lugar, existen divisiones sociales del tiempo y del espacio, que diariamente determinan el movimiento y las posibilidades de actuar y comunicarse de las personas. Intentar modificar el modo en que se establecen y son interpretados los encuentros y los comportamientos, implica trabajar desde los ritmos de l@s vecin@s, impulsar la autoestima de las personas, de forma que se modifique el modo en el cual interpretan sus propias posibilidades de hacer. En definitiva, buscar la manera de enfrentar espacios “formales” (en cuanto que formados, cerrados y determinados) con espacios “informales” (que están en un continuo hacerse, y desde donde es posible pensar el pueblo desde una perspectiva dinámica).

           Todo esto es un recorrido continuo desde lo institucional a lo popular, que comenzó con ponerle un nombre al proceso, y con diferentes tácticas que permitiesen empezar a recoger e impulsar el decir de la gente sobre su quehacer cotidiano. La idea de pensar en El Reparto e ir dejando atrás el tema de los presupuestos participativos no se refiere solo a la complejidad de un proceso que va más allá de la decisión sobre las obras, sino que supone, también, transformar la imagen del proyecto para acercar su construcción a las personas, para que se vayan apropiando de él. Así, con El Reparto se busca que se empiece a establecer una cierta distancia con l@s polític@s (el que parte y reparte se lleva la mejor parte), y recuperar cuestiones como las luchas por el reparto de las tierras, para empezar a repartir el poder de hacer. Una vez que se inicia la campaña de “publicidad” de El Reparto, se graba un vídeo que, recogiendo directamente los discursos de l@s vecin@s buscará que la gente se plantee interrogantes sobre el qué esta pasando en el pueblo, un material que permitirá ir conociendo cuáles son las realidades de Las Cabezas y que se convertirá en una de las herramientas de entrada en los barrios, herramientas de provocación que desencadenen el proceso y le permitan seguir vivo. A esto se añadió el trabajo de jóvenes y mayores que reconstruyeron las Historias de Las Cabezas a través de la oralidad (en el caso de los mayores) o de recursos como los cómics (para los jóvenes), buscando cuáles fueron y son sus formas de vivir el pueblo.

           Pero seguían siendo necesarios procesos de dinamización para “que los lugares se animaran, se dinamizaran provocando que la gente pasara del ver al decir y al hacer4. Para ello, como señalaba Rafael Téllez, había que “reconocer los movimientos que hay ya en los barrios, reconocer las capacidades de la gente”. Entran en juego las campañas de formación que, descansando en las inquietudes de las personas, buscan “desaprender una lógica, una cultura de participación tradicional”, introduciendo el aprehender habilidades participativas que rompan las formas de delegación habituales, que permitan a la gente recuperar la posibilidad de seguir planteando cosas y problemas, sin importarles quien tengan enfrente, tratando de pasar del ver y el quejarse, al hacer y decidir junt@s. Para ello, se hizo imprescindible reflexionar, no sólo sobre el qué se demanda, sino, también, sobre el cómo se demanda, quién demanda y a quién. En definitiva, pasar de las demandas individuales a las colectivas.

En este impulsar, recuperar o potenciar espacios de participación, que permitan discutir, compartir, expresar y crear, además del trabajo en esas habilidades participativas, o en la utilización de dinámicas planteadas por l@s responsables del equipo de dinamización, es imprescindible trabajar la escucha y el no hacer, romper la lógica de l@s técnic@s que han de transformar su posición de “autoridad”, terminar con las posiciones jerárquicas que interfieren la comunicación. Esta idea se corresponde con un continuo juego de sumar y restar, en el que para que l@s vecin@s pudieran sumarse al proceso, y sumar ideas y movimientos, era necesario restar esa autoridad para que aparezcan las creatividades dispersas y ocultas de la gente. Permitiéndoles recuperar la capacidad de enunciar lo cotidiano y que no dejen de revalorizarse, como ocurría en aquellos momentos en que eran l@s propi@s vecin@s l@s que planteaban las dinámicas y actividades a hacer en las reuniones.

La forma en la que se establece la comunicación determina el sentido y el significado que se atribuye a ésta, de forma que, para que implique un reconocimiento real de l@s vecin@s, se hizo necesario trabajar, no solo con ell@s, sino desde ell@s, buscando acabar con la autodesvaloración que atenaza a las personas cuando han de enfrentarse a otras, implicando a la gente desde sus propios ritmos, desde sus espacios cotidianos, para reconquistarlos, para reconocerlos. “Desde pequeños nos dicen que siempre hay un maestro o alguien por encima que es el que manda y el que decide [...] en este proceso se hace patente que hay otra forma de decidir y que no tiene porque ser siempre el mismo, que se puede decidir aunque no sepas escribir, reafirmándose cada uno en su propio saber y aprendiendo entre iguales”, en palabras de Rafael Téllez. Una buena forma de resumir el trabajo cotidiano del equipo dinamizador para lograr superar todas las trabas a las que se enfrentaban es la que nos dice Manuela, “cosa básica nuestra: pequeño grupo, cartulina, tijera, escuchar y besitos”. La gente se revaloriza cuando ve que se superan las situaciones de antaño en las que ya “estaba todo amasado” y solo les llamaban para relegitimarlo, mientras que ahora son l@s vecin@s quienes, con técnic@s y polític@s, amasan la realidad.

Lo festivo, así como el trabajo con las afectividades, resultan indispensables en la construcción de relaciones cargadas de empatía y sensibilización hacia l@s demás. Se trata de dejar de ver al resto de personas como competidoras, para verlas como la “posibilidad de”. Los abrazos resultan la mejor forma de enfrentarse a las incertidumbres que suponen el devenir de El Reparto, construyendo así relaciones de confianza que permitan escapar de los roles establecidos. Los encuentros potencian su dimensión festiva, aquella que permite ampliar la densidad del tiempo vivido, en una fiesta que se recupera como creación, no como mero consumo, porque recupera a las personas como creadoras y transformadoras de la realidad. Cuñas de radio y canciones hechas y cantadas entre tod@s, mujeres que se lanzan a bailar los bailes que bailaban sus abuelas antes de empezar una reunión, masajes y mordiscos en la oreja, paellas “dinamizadoras” que son encuentro y reconocimiento, mil formas de plantear los problemas (“mi problema no son las ratas, mi problema es que las ratas han terminado la EGB” decía una vecina) o Chiquito de la Calzada, interpretado por Rafael Téllez, que aparece en las Jornadas de decisión del Reparto para pasar revista desde la irreverencia respetuosa a las figuras del pueblo (el alcalde, las mujeres, los niños...) o a los problemas (como el más reciente de las obras). El humor, la fiesta, permiten entenderse, tocarse, caminar juntos, cambiar el sentido de los espacios y volver a perderse en la incertidumbre y en la creatividad, para seguir respetándose y dándose más besos y más abrazos “para tejer ilusiones y sueños5. “¡Jo, esto parece los teletubbies!”, nos decía Manuela.

En este intento de superar las muchas barreras que nos impiden decidir, encontramos historias de cómo aquellas personas encerradas en la periferia social (jóvenes, niñ@s, jubilad@s, mujeres) van conquistando sus espacios. Muy significativo y ejemplo muy recurrido por los dinamizadores, es el caso de una vecina que recibió un recado telefónico: su marido, quien tomó nota del mismo, se lo transmitió entre sorprendido y humillado, no podía entender que convocasen a su mujer a una reunión en el ayuntamiento y a él no. La mujer acudió a la reunión sintiéndose orgullosa de cómo estaba cambiando su posición tanto fuera como dentro de su casa. Vecin@s que se reapropian de los recursos del pueblo, que aprehenden sus derechos y las cuestiones que condicionan su realidad (desde el PER al Euro), que reflexionan sobre el uso de los espacios que los rodean, sobre su territorio, que ven como se reconoce el lugar en el que viven: “antes nadie se acordaba de que nosotros vivíamos allí y de que allí había gente” afirmaba Pilar Montaño, representante vecinal. O representantes, como Isabel Meléndez, que se plantan delante del alcalde y afirman, respecto al problema de las obras, “a mi no me vas a torear y quiero que lo sepas, que no nos vais a torear”.

 

Pero, ¿participan tod@s?

En cuestiones como estas, siempre terminamos enfrentándonos al problema de querer “hacer cuentas con los cuentos”, y de tratar de medirlos por los métodos habituales. La pregunta es ¿cuánta gente participa?, pero no nos preguntamos ¿cómo participan?, ¿dónde?, ¿quiénes?, y de nuevo el proceso, el cuento, nos desborda. Si nos atenemos a la gente que participa directamente en las asambleas de El Reparto, la participación ronda el 10% de la población. Pero existe gente que está implicada en el proceso de otras maneras, a través de otros canales que permiten superar las rigideces de una cierta “política de la presencia”. Muchas personas que asisten a las Jornadas son portavoces en sus hogares, en sus círculos más cercanos o participan de foros que el proceso todavía no ha reconocido como decisorios, como los encuentros y conversaciones en una carnicería. Es irreal pensar en que asistan los 16.000 vecinos del pueblo, lo importante es que exista la posibilidad de participar, que existe, y que será una de las ideas básicas que especialmente recalcarán tanto el Alcalde, Domingo Hernández, y el Concejal de Participación Ciudadana, Victor Díez, como uno de los Coordinadores del Equipo del Reparto, Javier Encina, durante la conversación mantenida con ellos. Una participación que incorpora sujetos como los niñ@s (en Sacramento, uno de los barrios de Las Cabezas, hay una mesa de niñ@s, ¿pero los niñ@s son ciudadanos con derecho a participar o no?), que reconoce la importancia de participar a través de las redes, que, en definitiva, incorpora muchas variables a medir que desbordan nuestros instrumentos de medida.

Para terminar este artículo, consideramos conveniente reflejar algunas de las palabras recogidas en una carta de Isabel Meléndez, representante vecinal, dirigida a todos sus vecin@s de Las Cabezas y que creemos resumen muy bien el espíritu de esta experiencia. En ella describe los motivos personales que la llevan a implicarse activamente en El Reparto: “Me quejaba, pero no hacía nada, hasta que un día me di cuenta que el futuro lo escribimos todos, no sólo los políticos que votamos y a los que luego achacamos todos nuestros males. Me di cuenta, que mi futuro y el de mis hijos no empezaba y terminaba de la puerta de mi casa para dentro y que si quería que mis hijos viviesen lo mejor posible, tenía que hacer algo para conseguirlo. Por eso, lucho por mi barrio y por mi pueblo” Y apelando a sus convecin@s:“muchas veces pensaremos ¡en qué me he metido, como si no tuviera bastante con los problemas de mi casa! [...] pero habrá logros y por pequeños que sean tú te sentirás bien, muy bien por haber sido partícipe de ellos y te quedará la satisfacción del trabajo bien hecho. ¡¡Vecinos, el futuro no está escrito y aunque no será fácil, escribámoslo entre todos y hagamos PUEBLO!!”

Nuestro más sincero agradecimiento a todas aquellas personas que nos soportaron durante el tiempo que duró nuestra estancia en Las Cabezas y cuyas aportaciones han sido fundamentales para este artículo. Algunas ya aparecen citadas a lo largo del mismo, otras aprovechamos ahora para mencionarlas: Antonio Montenegro, Sergio Rodríguez, José Gallego, Montserrat Rosa, José Castro, Mari Ángeles Ávila, Raúl Ruiz, y todos aquellos que de una forma u otra nos regalaron parte de su tiempo. Gracias y besitos, ea!

1.       Encina, Javier; Rosa, Montserrat; Téllez, Rafael; y Calero, Marina F.; El Reparto: investigación acción participativa (IAP) y presupuestos participativos en Las Cabezas de San Juan; en Lorenzana, Concha (ed.); Tomamos la Palabra, experiencias de ciudadanía participativa, Edit. Icaria, Barcelona, 2002.

2.       Boaventura de Sousa Santos, entrevista en El Viejo Topo, nº 173, diciembre 2002.

3.       Encina, Javier; y Rosa, Montserrat; El gran teatro del mundo, o de cómo los ayuntamientos intentan repartir papeles, organizar y marcar tiempos en Villasante/Montañés/Martí (coord.); La investigación social participativa, Edit. El Viejo Topo, Barcelona, 2000.

4.       Encina, Javier; Rosa, Montserrat; Téllez, Rafael; y Calero, Marina F.; art.cit., pág. 21.

5.       Ibid. Pág. 38.