Alienación ideológica y comunicación de masas
René Freire

Fuente: Rebelión, Oct/2000

Mirad este cuadro y mirad este otro: ¿Tenéis ojos??
(Hamlet, III, 4)

En este breve ensayo me propongo reclamar la vigencia e idoneidad del concepto marxista de alienación ideológica en el análisis actual de los medios de comunicación de masas.

En la esfera de la comunicación se está viviendo un proceso de retroceso de los medios públicos y de proliferación, desarrollo y éxtasis de las compañías privadas de comunicación.

Incluso los medios públicos que sobreviven desarrollan políticas de imitación de los modelos privados, cuyo único fin es la rentabilidad económica, y en ningún caso la formación, educación o información del individuo.

Ésto ha de analizarse en un contexto de legitimación a nivel mediático en Occidente (es decir, a escala mundial; recuerdo una viñeta de El Roto: "¿Para qué viajar si ya todo es Occidente?") de las prácticas económicas y políticas neoliberales. Los medios de comunicación públicos no resultan "rentables". Y es bien sabido por el uniforme discurso reinante que la rentabilidad conduce al "progreso".

El neoliberalismo prolifera con tanto vigor en parte por la caída de los llamados "socialismos reales" . Puede que la Unión Soviética distase mucho de la profecía de Marx, pero las ideologías más puramente liberales se rechazaban en el bloque capitalista para contentar en parte al movimiento izquierdista y sindical, de apoyo al trabajador y a las
clases bajas. En lugar de ello resplandecieron las teorías keynesinas y el estado de bienestar, se creó un gran patrimonio público y se invirtió en educación, infraestructuras y sistema sanitario públicos etc... Ahora ha llegado "el fin de la historia", sólo hay un modelo económico posible, un pensamiento posible, las utopías han fracasado...

Los medios de comunicación son propiedad de empresarios cuyo único fin es ganar más y más dinero con ellos. A esta minoría propietaria de los medios le satisface enormemente el clima sociopolítico actual: favorece los intereses de las empresas, o sea, sus intereses. Son unos intereses de clase: de la clase capitalista, del Capital.

La parcialidad informativa no se concibe por obra y gracia de la censura, sino por mecanismos más sutiles, como la imposición de los temas de debate, la elección partidista de los periodistas o comentaristas, la sobreinformación etc...

Este partidismo informativo se manifiesta en ocasiones por una razón más directa: la banca y otra corporaciones poseen grandes partidas de acciones de los medios de comunicación. No hay que enfadar, lógicamente, a los grandes accionistas de la empresa. No se puede hacer público ningún contenido que sea contrario a sus intereses.

En un sistema social basado en la competitividad económica, los medios con ideología izquierdista tienden a tener poca difusión y llegar a un público menor que el que le correspondería por el perfil sociológico de  sus potenciales lectores. El precio es el principal argumento en la venta de publicaciones, y los medios de comunicación que logran una mayor difusión son aquellos que logran ofrecerse a un precio menor. Así pues, los medios de comunicación cuyos propietarios tengan un mayor capital serán los que podrán competir en el mercado. No se debe olvidar tampoco el papel nocivo de la publicidad en la discriminación de la prensa izquierdista. Lógicamente, las empresas no querrán anunciarse en medios que pretenden transformar la realidad y suprimir la propiedad privada, por poner el ejemplo de la prensa comunista.

Así pues, la supuesta libertad de expresión que se da por obvia y real en las sociedades capitalistas no es tal: el nivel de riqueza es un factor fundamental para poder expresar tus ideas a un público masivo.

Los medios de comunicación burgueses disfrazan de objetividad su información social y política.

Lo cierto es que es partidista. La tremenda oferta mediática a la que está expuesto el individuo en realidad no es tal, ya dijo Chomsky que "la verdadera libertad de elección implica la posibilidad de seleccionar opciones que no pueden ser ofrecidas por un oligopolio que vende audiencias a los anunciantes".

Los espectadores pueden mostrarse más o menos críticos con la información y la interpretación de la misma que se les ofrece, pero terminan por considerar legitima la visión común de tantos y tantos medios distintos con un discurso tan y tan uniforme. Lo preocupante de todo ello es que no se ve luz al final del túnel: los medios imponen los puntos de vista de la clase alta al grueso de la población. De esta manera, el modo de percibir el mundo es uno. Y las críticas, nostalgias del pasado o posturas estéticas poco serias, que alteran la ortodoxia y ponen en peligro el camino hacia "el futuro".

Los medios de comunicación han alcanzado un desarrollo tecnológico impresionante, un desarrollo que les ha permitido erigirse como sustitutos de la "vida social" del individuo, o al menos como un ingrediente más, primordial en todo caso. Esta es una cualidad determinante de nuestra época. Nunca antes el sujeto percibió el conjunto social de este modo. Con anterioridad era la observación directa y el diálogo con los semejantes lo que otorgaba al individuo la visión de conjunto. En la actualidad se da la tremenda paradoja de que la realidad social viene construída por los medios de comunicación y no por los individuos. Y los medios construyan una realidad plácida para sus intereses, por  supuesto. El que los individuos configuren su visión de los social a través de la información mediática es alienante y artificial, por la sencilla razón de que el individuo debe participar en la creación de su concepción de lo real, mediante la interrelación con sus semejantes. Los medios no permiten la comunicación, la ideología que desprenden es simple adoctrinamiento que excluye el diálogo con el ciudadano.

Toda crítica a la organización social o a la actividad política que no tenga cabida en un medio de comunicación masivo no será considerada por los ciudadanos como legítima o seria. Aunque se le argumente cara a cara, el individuo percibirá como real el debate que se proponga en la información mediática, un debate por lo común inocuo y orientado a los intereses de las clases más acomodadas.

Todo sufre ese ímpetu homogeneizador: los partidos socialistas inventan terceras vías para disfrazar de novedad su nuevo culto al capital, el comunismo es un movimiento totalitario y dictatorial, las democracias burguesas de partido son el modelo ideal, defensoras de las libertades y la prosperidad...

En un momento en que la izquierda se encuentra tan desorientada y confusa ("Hasta la hoz pregunta más que siega..." Claudio Rodríguez) me parece coherente y útil volver la vista atrás y reencontrar el discurso de Marx para comprender la circunstancia histórica en la que nos encontramos.

El hechizo que los medios ejercen sobre las clases trabajadoras puede comprenderse como una forma de alienación. ¿Como entender sino que no exista resistencia social a una generalización de las políticas más ultraliberales, con abaratamiento de despidos, congelación de salarios mínimos, inestabilidad en el empleo, contratos basura a través de las antes condenadas y ahora aplaudidas ETT's, reducciones de plantilla, privatización de las empresas y los bienes públicos etc...?.

Los trabajadores están alienados, y toman como propio el discurso de las clases propietarias, el discurso que se oye por todas partes ,y que no se acaba de escuchar con atención.

Porque si lo escuchásemos con atención nos daríamos cuenta de que tras esta unificación del pensamiento se encuentra el concepto marxista de alienación ideológica.

La dominación del pensamiento burgués (hoy se le llama empresarial) tiene su primer análisis, en clave filosófica en La Ideología Alemana, obra escrita por Marx y Engels entre mediados de 1845 y Agosto de 1846. En esta obra aparece el concepto de ideología como reflejo de las relaciones sociales.

En el desarrollo material de la historia Marx y Engels observan que "cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes que ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta." (I- Feuerbach - Contraposición entre la concepción materialista y la idealista). Estas palabras, con ciento cincuenta y cinco años de antigüedad, resultan extraordinariamente actuales. La clase dominante, la burguesía, propone su interés (el liberalismo a ultranza) como el interés común de todos los miembros de la sociedad, presentando sus ideas como las únicas racionales y lógicas.

Así, podemos imaginarnos a un minero llegando a su casa agotado tras una dura jornada de trabajo, encendiendo el televisor para informarse de las fusiones de las empresas, del estado de la bolsa, de la evolución de la inflacción...

Las clases medias son las más entusiasmadas con los intereses de la burguesía. Pero los nuevos análisis superfluos sobre marxismo en donde se habla de una gran clase media que hace insensato que las clases más bajas se rebelen contra el sistema encuentran su respuesta en los textos clásicos: "Los estratos medios -el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino-, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores.

Más todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia" (Manifiesto comunista - Marx y Engels). No es una novedad, pues, la actitud interesada de las clases medias.

También hablan de ello Marx y Engels en "La ideología Alemana": "Su triunfo (el de la burguesía, la clase dominante) aprovecha también, por tanto, a muchos individuos de las demás clases que no llegan a dominar, pero sólo en la medida en que estos individuos se hallen ahora en condiciones de elevarse hasta la clase dominante".

Los teóricos de la comunicación críticos con el capitalismo y su visión de clase desdeñan de modo voluntario el léxico marxista en sus análisis. Por ejemplo, se habla de "propaganda" en lugar de ideología de la clase dominante. Es tal la tergiversación de los ideales comunistas que ha tenido lugar que se eluden los modelos clásicos para no ser rechazado sin meditación previa.

Porque la sociedad actual se ha convertido en la sociedad del eufemismo, con sus "daños colaterales" y sus guerras para lograr la paz.

Los medios de los que los trabajadores pueden echar mano son poco efectivos ante la legitimidad y credibilidad que se le otorgan a los medios masivos, así que la solución no admite medias tintas. Está en variar las relaciones económicas entre los individuos. Porque hoy más que nunca el capitalismo ejecuta y desarrolla mecanismos de autodefensa que unen a su causa a los ciudadanos potencialmente revolucionarios. O al menos influye enormemente en su pensamiento. El pensador revolucionario tiene que hacer un ejercicio de abstracción para evadirse de toda la ideología burguesa que está impregnada en su pensamiento. Incluso en el ejercicio de crítica más brutal contra el capital subyacen criterios economicistas propios de los estamentos privilegiados. Cambiar
las relaciones económicas, el substracto de la sociedad, iniciaría el camino para un cambio en la ideología imperante.

Aunque Marx explica como la eliminación de la división en clases de la sociedad hace innecesario este termino: "toda esta apariencia según la cual la dominación de una determinada clase no es más que la dominación de ciertas ideas se esfuma, naturalmente, de por sí, tan pronto como la dominación de clases en general deja de ser la forma de organización de la sociedad; tan pronto como, por consiguiente, ya no es necesario presentar un interés particular como general o hacer ver que es lo general lo dominante".

Los medios, liberados del dominio clasista, tenderían al beneficio público y no empresarial. El beneficio público es el del pueblo, el de sus individuos, que exentos de una información parcialmente seleccionada e interpretada accederían a una comunicación beneficiosa y enriquecedora.